jueves, 1 de diciembre de 2016

"Manual para mujeres de la limpieza" de Lucia Berlin

La escritora considerada el descubrimiento literario del año esconde detrás de su figura muchas horas de trabajo y una vida trágica.




Si en este año que se acaba ha habido un boom literario con nombre propio, ese ha sido el de Lucia Berlin con su Manual para mujeres de la limpieza (Editorial Alfaguara). Hay quien dice que no aporta nada nuevo al género, pero su estilo aporta una mirada lúcida, fresca y original al día a día americano.

Su estilo conciso y seco puede recordarnos en primera instancia a narradores como Raymond Carver o Charles Bukowski. La escritora tuvo una vida azarosa y disoluta que se empeña en reflejar en sus relatos.

Vivió en Sudamérica durante su niñez, al ser su padre un ingeniero de minas de Chile. Allí, en el seno de una familia acomodada, acudirá a colegios exclusivos de monjas, de los que sin embargo, se las ingeniará para que la expulsen. Ese mundo algodonoso de la enseñanza religiosa, con sus bien medidas rutinas y su división en horas engloban gran cantidad de relatos sobre su infancia.
Tras la niñez, nada será lo mismo. Vivió en Texas, tuvo mucha relación con la vida cultural de México y contrajo matrimonio varias veces, teniendo cuatro hijos en total. Atravesó varios divorcios, varios procesos de alcoholemia y varias recuperaciones. Son esos relatos los que pueden recordar más a Charles Bukowski y sus periplos buscando alcohol por Los Angeles y consumiendo todo lo que se ponía a tiro, incluso jarabe para la tos.

Pero de estas experiencias nacen los relatos de Lucia Berlin: sorprendentemente lúcidos e increíblemente frescos. Una mirada capaz de describir el turno en una lavandería con un lírica extraordinario. O las experiencias reales de los múltiples trabajos que realizó durante toda su vida. Fue enfermera, encargada de centralita de un hospital, mujer de la limpieza e incluso profesora de literatura, en un trabajo que ocupó al final de su vida, gravemente enferma por una insuficiencia respiratoria.

Porque la muerte tampoco escapa a su mirada serena y escrutadora. En este caso es la muerte de su hermana, enferma de cáncer, la que le ofrecerá un contacto con lo lúgubre. Sin embargo, su experiencia mexicana la llevará a ver la muerte desde otra perspectiva más humana. Y todo ello con traumas procedentes de una madre alcohólica que siempre amenazaba con suicidarse y una familia disfuncional.


Lucia Berlin es un rayo de luz en las tinieblas. Una mirada fresca al aterrador mundo que nos rodea.

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