lunes, 14 de noviembre de 2016

“A Virginia le gustaba Vita” de Pilar Bellver

La recreación de un amor a partir de la correspondencia entre dos de las mujeres más brillantes de la época. 



Hablar de Virginia Woolf es hacerlo de una de las mejores escritoras inglesas a nivel mundial. Sus libros, su avanzado pensamiento, el grupo de Bloomsbury e incluso su enfermedad mental son ideas de sobra conocidas cuando abordamos el estudio de esta figura. También lo son su matrimonio con Leonard, con quien mantuvo una relación de honda amistad antes que la de una pareja convencional.

Pero Virginia también fue una mujer apasionada, aunque su aspecto frágil nos recuerde lo contrario, y quedó fascinada por Vita Sackville-West, también escritora, aristócrata y una de las mujeres más notables de su época. Sus conquistas sentimentales eran notables y se declaró en lo que en aquel tiempo se llamó “seguidora de Safo”, ya que el término “lesbiana” no se aplicaba como tal. Su interés en conocer a Virginia llevó a que el cuñado de ésta, Clive Bell, organizara una cena en las que ambas se hicieron amigas y comenzaron una correspondencia y una velada historia de amor que duró hasta el suicidio de Virginia.

Tomando como base estas cartas reales, Pilar Bellver construye en A Virginia le gustaba Vita (Editorial Dos Bigotes) la recreación de una historia de amor extraordinaria, tapada por los convencionalismos sociales y la rigidez victorianas. Ambas mujeres se declararon un amor apasionado en sus cartas, que no pudieron llevar a cabo por miedo al escándalo social. Ambas lo tenían todo a favor, ya que al igual que Virginia, Vita mantenía una relación predominante de amistad con su marido. Ambas podían pasar mucho tiempo juntas en la mansión de Vita, a solas. Pero las separaba un mundo de reglas, de miedo al escándalo, de temor continuo al qué dirán. No obstante, Virginia escribió su Orlando basándose en la persona de Vita, en lo que Nigel, hijo de la aristócrata, considera la mejor carta de amor de la literatura.

Pero lo más interesante sin duda de esta novela epistolar, es el final del libro, en el que la autora recrea una conversación con su sobrina y la brinda (nos brinda) todo tipo de datos biográficos de Virginia Woolf, así como sabrosos cotilleos y apuntes desconocidos sobre la autora y el resto del grupo de Bloomsbury. También sobre las conquistas femeninas de Vita y las admoniciones de Virginia, sobre las relaciones con el resto de su familia y sobre cómo el nazismo iba cercando Inglaterra cada vez más.


Es un libro que encantará a aquellos a quienes les fascine Virginia Woolf y el maravilloso ambiente literario que proliferaba en la Inglaterra de aquella época. También a aquellos que (como la sobrina de la escritora) todavía no se han acercado a la figura de la autora y necesitan cualquier excusa para hacerlo. La mezcla de datos académicos y de historias personales lo convierten en un libro irresistiblemente entretenido.  

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