viernes, 14 de marzo de 2014

“La Trabajadora” de Elvira Navarro


Ambientada en un Madrid en ocasiones banal y en ocasiones extraño, la nueva novela de Elvira Navarro nos cuestiona sobre la enfermedad mental y sus consecuencias.



Elisa, la protagonista de la novela, trabaja como correctora para un gran grupo editorial. Sin embargo, sus circunstancias económicas hacen que tenga que compartir piso con Susana, una extraña inquilina con un pasado que permanece turbio. Poco a poco, Elisa se irá obsesionando por la falta de información sobre su compañera: sobre su trabajo, sus rutinas, su pareja y sus amigos. Todo ello, unido a la afición de Susana por los collages minuciosamente recortados que crean otra ciudad y otro mundo diferente, llevaran a Elisa a hacerse preguntas sobre su propia cordura.

La novela cuenta dos historias. En primer lugar, la que hemos indicado. La historia de varias personas que se acercan y se alejan, configurando un triángulo de sentimientos con Germán, amigo común de ambas.
En segundo lugar, la protagonista es la ciudad de Madrid. Un Madrid sinuoso y complicado de la década de los noventa. Una zona de Aluche en la que se alzaba la cárcel y que poco a poco fue demolida, quedando un descampado, un espacio vacío donde antes había una mole.
La ciudad, que se configura como un espacio vital para habitar y desarrollarse, pero que por la noche saca su lado más agresivo, con la presencia de un camión que recoge papel o con las casas ocupadas cuyos habitantes se “enganchan” a la toma de corriente de la luz de las farolas. Un Madrid casi mágico y alucinado, con ese aire desquiciado de los sueños a altas horas de la madrugada.
Escritora de un blog sobre sus paseos por Madrid, Elvira Navarro ha sabido conjugar muy bien su afición por la arquitectura y el desarrollo urbano con la trama de la novela. La ciudad deja de ser el escenario donde se desarrolla la historia para cobrar entidad propia y convertirse en protagonista de la misma. Las conversaciones de las dos protagonistas no serían lo mismo si no tuvieran lugar mientras caminan de noche por la calle General Ricardos. O la exposición de Susana no tendría ese filo inquietante si no tuviera lugar en el Centro.
En definitiva, es un libro más maduro, donde además se plasma una importante reflexión sobre la enfermedad mental. La ansiedad y el pánico, no provocados por hechos concretos, sino por el mismo vértigo de vivir.
La obsesión por el pasado de alguien que puede llevar a cuestionarnos nuestros valores, nuestra propia vida y nuestro futuro. Y sobre todo, la cercanía con la que nos hace partícipes, a nosotros los lectores, del secreto de Susana, con esa historia casi onírica con la que empieza el libro y que luego va encontrando un hueco entre sus páginas. Un libro algo desasosegante que nos enfrenta con nuestros propios fantasmas y con la pregunta de quiénes somos en realidad y quiénes son las personas con las que compartimos nuestras vidas.
 

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