domingo, 2 de marzo de 2014

“Diario de una Vagabunda”, de Hayashi Fumiko

Satori Ediciones nos trae a una de las mejores prosistas japonesas.
 

En el tiempo que llevamos hablando de autores japoneses en el blog, nunca habíamos reseñado a una mujer nipona. Sin embargo, Diario de una Vagabunda compensa con creces la espera. Además, se trata de la obra de una auténtica escritora; es decir, de una mujer que apostó por la literatura y que llegó a vivir de ello.

Diario de una Vagabunda cuenta la historia de Hayashi Fumiko, cuyos padres eran vendedores ambulantes. Desde pequeña se acostumbró a no permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio y en cambiar con cierta frecuencia de escuela y de amistades. Asimismo, ella también comenzó a vender comida para echar una mano en casa o cuando su madre estaba enferma y no podía salir a vender. Paradójicamente, el padre de Fumiko gozaba de una buena posición económica, pero sus padres se separaron y su madre acabó con un vendedor ambulante.

El relato que nos ofrece Fumiko sobre estos años de su vida está lleno de un lenguaje vibrante, lleno de colorido, matices y epítetos, que describen con certera aproximación la vida de los barrios nocturnos de Japón en la década de los 30.

Son años de ir y venir, de pasar de una relación a otra, de mudarse de un apartamento a otro. Siempre con hambre, siempre necesitada de ropa, de libros o de cariño. Manteniendo a hombres que se irían a la mañana siguiente sin dar explicaciones. Este retrato de la vida de una mujer que desempeña los más variopintos trabajos para sacarse unas monedas y colaborar con su familia mientras intenta abrirse paso en la vida literaria de Japón no deja indiferente a nadie. También destaca la unión entre su madre, su padrastro y ella. Desde puntos diferentes del país, no dejan de escribirse y de preocuparse los unos por los otros, dándose consejos y mandándose dinero en caso de necesidad. Fumiko y su familia están más unidos en la distancia que muchas otras familias que comparten el día a día.

Este diario comenzó a publicarse por entregas en el periódico y poco a poco, su autora cosechó un gran éxito. A partir de ese momento, pertenecería al ámbito literario nipón y su producción de libros sería muy extensa. Entre ellos destacan Nubes flotantes, El Crisantemo Tardío, La Comida u otras obras hasta llegar a cerca de doscientos títulos publicados. También trabajó como periodista y reportera de guerra. Su vida acabaría de repente a causa de un ataque al corazón a una edad relativamente temprana. A partir de ese momento, sería consagrada y reconocida como una de las mejores escritoras japonesas.

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