lunes, 29 de enero de 2018

“Los intactos” de María José Codes

Lo sutil sirve de nexo de unión en esta novela ganadora del Premio de Narrativa Juan March

Diana y Alicia son dos mujeres que se dirigen a un punto indeterminado del norte de Inglaterra para recuperarse en una casa de reposo. Ambas han sufrido un trauma y su psiquiatra decide que lo mejor es que desconecten unos días y se recuperen. Diana además tiene la misión de restaurar el retablo de la iglesia local, que es una réplica de El Triunfo de la Muerte de Buffalmacco.
La casa está aislada y sólo una persona vive en ella: Cornell, encargado de llevar comida, suministros y medicinas a sus habitantes. En medio de un paraje idílico, Diana, la protagonista, comienza a descubrir que la casa y su guarda esconden un misterio.

Narrada a la manera de las novelas clásicas inglesas, Los intactos (Editorial Pre-Textos) recuerda mucho a autores como Henry James, Charlotte Bronte o incluso Lindsay Johan. El estilo es sencillo, pero con una gran riqueza de palabras que poco a poco sume al lector en su intriga. Sin embargo, uno de los mayores méritos del libro es la introducción gradual que experimentamos en el ambiente malsano de la casa y el lago. Son caminos muy sutiles por los que su autora nos guía con mano firme, dejándonos saber algunos datos sobre el pasado de los personajes.

Sin estridencias, sin sobresaltos, recuperando la mejor tradición de novela inglesa, María José Codes se vale de la excusa de una casa de reposo para ahondar en el verdadero tema de la novela: la culpabilidad y la capacidad de aferrarnos a veces al dolor como una manera de sobrevivir. El Metyr, medicina capaz de bloquear el dolor y los recuerdos traumáticos, no siempre es la mejor opción para seguir adelante. Sobre todo porque no puede curar la culpa, la mala conciencia del superviviente. Hay una frase del libro que me parece especialmente brillante: Todo dolor necesita su herida, y que concentra mucho del transfondo de esta magnífica novela: la capacidad del ser humano para superarse, o la necesidad constante de hacer sangrar una herida para aliviar la presión de dentro. Un libro brillante.


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