jueves, 15 de junio de 2017

"Guardar las formas" de Alberto Olmos

Alberto Olmos se estrena en el relato con estas pequeñas reflexiones sobre la condición humana, sus miserias y limitaciones



Un hombre amanece encerrado en una casa que no es la suya, y aprovecha esta suerte de reclusión involuntaria para indagar en la intimidad de la dueña. Una botella parece desafiar el continuo espacio- tiempo. Una pareja resulta agraciada con un premio de la lotería de 768. 786 euros y sus vecinos comienzan a sospechar. Una inmigrante que vive sola recibe extrañas llamadas en su buzón de voz. Un escritor al que detectan un cáncer comienza a deshacerse paulatinamente de todo aquello que le pertenece, pero ¿qué pasa con los manuscritos?. Un hombre enfermo le escribe una carta a su hija, acaso sin saber las consecuencias. Un hombre se convierte en criminal sin saberlo. Las cintas de VHS han de rebobinarse siempre antes de ser devueltas al videoclub. De lo contrario, las consecuencias será fatales. No siempre es fácil distinguir una suplantación, como descubre el protagonista de este relato. Otra pareja se encierra en una cabaña en el bosque para eliminar sus duplicidades. Un artista busca acostarse con sus exnovias. Un hombre carga con un archivo lleno de nombres y con una espantosa tarea.

Todas las historias de Guardar las formas (Random House Mondadori) consiguen, de algún modo incomodarnos, dejarnos con la sensación de que somos los únicos que no se divierten en una fiesta en la que todo el mundo baila y canta el Help Ayúdame. Son vidas cotidianas, similares a las de cualquiera de nosotros, en las que a veces estalla el absurdo, bien de forma soterrada o bien en una explosión que aniquila todo a su paso.

Merece una especial atención Carta a una niña de cuatro años (para que la lea cuando alcance dieciocho), que destaca entre los demás por su honestidad y su lirismo. Es la única concesión a los sentimientos que el autor se permite en todo el libro.

Alberto Olmos ha reservado ese escalofrío para sus relatos. Si bien las novelas tenían argumentos menos intrincados, en Guardar las formas nos guía por habitaciones cerradas y llenas de humedad, nos obliga a mirar el lado menos amable y más ruin de la condición humana y no pretende que salgamos indemnes de la experiencia.


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