jueves, 8 de septiembre de 2016

“Ve y pon un centinela” de Harper Lee

La segunda novela de Harper Lee sorprende por su amargura y el tono oscuro que mantiene respecto a la primera.




Harper Lee, creadora de la mítica Matar a un ruiseñor, había sido considerada siempre como autora de una única novela, hasta que el año pasado vio la luz Ve y pon un centinela, que recupera la historia de sus protagonistas años más tarde.

De hecho, Ve y pon un centinela (frase extraída de la Biblia), era el título original que la autora manejaba para su primera novela, hasta que su editor le hizo reconsiderar su decisión. En ella, recupera los personajes de la primera. Atticus Finch sigue ejerciendo el derecho, años después del famoso caso en defensa de un negro inocente que le dio notariedad en todo el condado. Ahora, la joven Jean Louise Finch ha crecido, vive fuera del pueblo que la vio nacer y tiene otra visión del mundo. Mientras tanto, aunque la vida parece no cambiar, la segregación racial entre blancos y negros y los tumultos son problemas a la orden del día.

Gracias a un regreso a casa, la joven se reencontrará con su pasado y descubrirá que su padre e ídolo de su infancia, Atticus Finch, esconde algunos secretos y que las cosas no son ni blancas ni negras.

Aunque se trata del mismo estilo “sureño” que Harper Lee comparte con otros autores como William Faulkner, Flannery O' Connor o Shirley Jackson, la principal diferencia con Matar a un Ruiseñor radica en el fondo de la obra. El optimismo de la primera novela ha desaparecido. El mundo ha dejado de ser un lugar claro y seguro y las personas que conocemos no son quienes creemos que son. En general, aborda la misma historia desde dos puntos de vista diferentes, ya que no debemos olvidar que Jean Louise era casi una niña cuando tuvo lugar el célebre juicio.

Es una novela entretenida, que nos muestra las contradicciones de uno de los mejores personajes de la historia de la literatura y que, precisamente por eso, a lo mejor hubiera convenido dejar tranquilo. La evolución de la joven Finch sí puede resultar algo más interesante, pero al igual que a nosotros, le resultará difícil bajar a su padre del pedestal en el que le han puesto las circunstancias. Ella será la única que se salve: sigue siendo descarada, malhablada y masculina, como la recordamos de su infancia. Queda también el escaso consuelo del reencuentro con otro personaje entrañable del primer libro, Calpurnia. La sirvienta de color era como una figura materna para los dos huérfanos y contribuyó decisivamente a su educación y a que aprendieran a conocer las normas. Ahora Calpurnia, ya anciana, recuerda a sus protegidos de una forma completamente distinta.

Ve y pon un centinela fue un libro cuya edición no estuvo exenta de polémica, ya que revisaba a una de las mejores figuras de la literatura y la situaba en un plano moral ambiguo. Sea como sea, merece una lectura, aunque sólo sea para recordar que cualquier tiempo pasado fue mejor.


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