jueves, 3 de diciembre de 2015

"Los Supervivientes", de Jimina Sabadú

La autora madrileña obtiene con este volumen el premio de Novela Ateneo de Sevilla.




La palabra suburbio no designa necesariamente un arrabal o lugar de mala muerte. De hecho, en Estados Unidos, el término suburbia se utiliza para designar barrios residenciales que se encuentran a algunos kilómetros de la ciudad, pensados sobre todo para familias de clase media alta en el que poder criar a los hijos en un entorno saludable. 

En uno de estos barrios hay un colegio, el Agustín de Foxá, que en tiempos fue un internado y que ahora es una escuela que vive gracias al prestigio de años pasados. Un colegio en el que estudiaron varias personalidades influyentes, aunque si tuvieran que citar a alguno, todos estarían de acuerdo en señalar a Xana, heredero de un club de fútbol de segunda división. 

Es un colegio que está a punto de venderse y que va a cambiar de dueños, por lo que la incertidumbre hacia el futuro se refleja en todos los ámbitos, sobre todo en el de los profesores. Entre ellos destacan María Victoria, que comienza este año con mucha ilusión a dar clase en el Agustín de Foxá y Marcial, profesor de Historia que se jubila ese mismo año. 

Y también está la masa anónima de alumnos, en la que si se destaca no es por nada bueno. Miguel Bolás es uno de esos chavales a los que sistemáticamente los matones machacan día tras día porque sí. Y en quien se fija Aída, una de las chicas más populares del colegio. 

Hay alumnos que sin embargo, recuerdan con cariño sus años de colegio y no han podido olvidarse de alguna de sus compañeras, como es el caso de Juli, capaz de montar una cena con antiguos compañeros sólo para propiciar un reencuentro. Y tras los muros del colegio Agustín de Foxá se extiende la propia vida, con sus éxitos y sus fracasos (más fracasos que éxitos), sus divorcios, sus sinsabores y un futuro en el que volveremos la vista atrás y contemplaremos el colegio como un paraíso o como un infierno. 

Los Supervivientes es una novela coral en la que el lector no se pierde. Está escrita con un estilo lacónico, pero a la vez poético, tan propio de la autora y del que ya disfrutamos en Celacanto, su anterior novela. Es un libro que atrapa desde las primeras páginas y que no defrauda, porque involucra al lector y le convierte en parte activa. Destaca la incorporación al texto de mails o mensajes de texto, que le dan un sentido más actual. Resulta fácil identificarse con algunos personajes porque todos hemos pasado por lo mismo en nuestra infancia. Y es que, como dice Miguel Bolás, hay tres bandos: el de los maltratadotes, el de aquellos que son maltratados y el de los que miran, pero no hacen nada. 

Una novela que no sólo habla sobre el espinoso tema del bullying, sino también sobre una vida que se va entre centros comerciales y otras actividades nimias y que no conseguimos apresar.

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