martes, 20 de enero de 2015

"Miro al Cielo Impotente" de Misumi Kubo

Una historia sobre sexo y mentiras que sin embargo alcanza grandes cotas de hondura. 






Miro al Cielo Impotente (Satori Ediciones) es un libro, cuanto menos, atípico. A primera vista, puede parecer que hay personas que se acerquen a esta obra llevadas por el morbo. En efecto, la primera historia trata sobre un ama de casa que lleva una existencia monótona y cuya válvula de escape es disfrazarse de personajes manga y acudir a convenciones. Allí conocerá a Saito, un adolescente con el que entablará una turbia relación que nos recuerda mucho a las del cine de Haneke. Dicha relación estará marcada por los celos, los secretos y el chantaje, cuando el marido de ella les descubra.
Esta primera historia se caracteriza por la descripción gráfica de los coitos que mantienen los personajes (de ahí lo del morbo), lo que hace pensar en un principio que estamos ante un libro erótico o ligero. Sin embargo, con las posteriores narraciones, la autora va escarbando en las vidas de sus personajes, mostrándonos sus motivaciones más profundas, sus problemas y sus insatisfacciones.
De esta forma, sabremos que Saito, el adolescente aficionado al cosplay, está enamorado de una compañera de clase. A su vez, el hermano de esta compañera, dotado de un increíble potencial intelectual, decide abandonarlo todo y unirse a una secta. Por otra parte, la madre de Saito regente una casa de partos donde dan a luz las mujeres que prefieren parir de forma natural, sin las restricciones hospitalarias. Y por último, la amenaza de fuertes lluvias, capaces de provocar riadas y llevarse todo por delante, se cierne como un funesto augurio sobre los personajes.
Se trata de cinco historias que se entrecruzan, se mezclan y se hilvanan sin enredarse jamás, narradas por Masumi Kubo con una gran maestría. El relato erótico del principio acaba quedando en una mera anécdota cuando escuchamos el monólogo interior de la mujer y comprendemos los motivos que tiene para hacer lo que hace. No hay depravación en ellos, tan sólo son seres solitarios que buscan consuelo unos en otros de unas formas algo extremas.
Como curiosidad, cabe destacar que el primer relato, Mikumari, ganó el premio R 18, que se concede a los mejores relatos eróticos escritos por mujeres para mujeres. Tal vez sea el cuento que más tirón tenga, aunque a mí, particularmente, el que más me ha gustado es el último, el que se centra en la casa de partos y que lleva por título Polen y Polinización. En él, la partera narra sus rutinas cotidianas en primera persona y hace una profunda reflexión sobre el nacimiento y la muerte, llegando en ocasiones a extremos sobrecogedores.
También hay que destacar la traducción que han realizado Yoko Ogihara y Fernando Cordobés, que ayuda a transmitir al lector un latido de cercanía.

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